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04/26/2013

Las competencias claves del profesorado de lenguas extranjeras

por Maribel González Martínez

Creo que han pasado más de dos años desde mi última entrada en este blog. Ha sido un periodo de tiempo prolongado sin escribir en este espacio ni una sola línea (mis energías se han ido centrando en otros proyectos), pero hoy he sentido el impulso de dedicarle unos comentarios al documento del Instituto Cervantes que define y explica cuáles son las competencias docentes de los profesores de lenguas extranjeras.

En este portafolio he dedicado mucho tiempo y energías a documentar mi desarrollo profesional y parte de esas competencias. Por esta razón, creo que merece la pena leerlo y comentarlo.

VV. AA.; Las competencias clave del profesor de lenguas segundas y extranjeras, Instituto Cervantes, Octubre, 2012

Para entrar en materia, confesaré que alguno de los puntos me ha llamado la atención, sobre todo, aquel en que se le pide al docente que se implique en la institución; aunque eso merece comentario a parte. También me parece “curiosa” y digna de comentario la inclusión de la gestión de las emociones en clase. Dicha competencia comprende estas capacidades:

  • Gestionar las propias emociones.
  • Motivarse en el trabajo.
  • Desarrollar las relaciones interpersonales.
  • Implicarse en el desarrollo de la inteligencia emocional del alumno.

Confieso que es un punto que me mueve a pensar y me lleva a preguntarme si esta capacidad también es sujeto de evaluación y medición. Me  preocupa esto en cierto punto. La definición de todos estas habilidades me ha parecido “curiosa” y, casi, poco necesaria. Es verdad que, como docente, al principio de tu desarrollo profesional puedes sentirte un poco confuso o perdido si no tienes a nadie con quién comentar lo que sucede en tus clases. De hecho, a mí me ha pasado, y fue una de las motivaciones que me llevó a escribir. Sin embargo, creo que es más importante saber gestionar las emociones de grupo generadas por las dinámicas de clase. A veces, quizá solo me ha pasado a mí, hay roces entre los alumnos que afloran en la clase y hay que saber cómo solucionar estas cuestiones. (Desde mi punto de vista, las clases terminan siendo como un ecosistema, pero eso lo explico otro día).

En cuanto a la motivación en el trabajo o por el trabajo. No sé si es necesario definir este punto. Se presupone que cuando eres profesional haces todo lo posible por mejorar en el desempeño de tu labor. Es más, yo diría que ese deseo de mejora es intrínseco a la acción diaria; aunque, también sé que el medio en el que se trabaja, en algunas ocasiones, puede influir mucho en nuestro quehacer y puede llevarnos a pensar en abandonar o a no mostrar gran interés por nuestra labor.

¿Desarrollar relaciones interpersonales? Esto me ha parecido también obvio. Creo que cuando trabajamos con gente, queramos o no, se establecen relaciones de amistad, compañerismo, de profesor-alumno, etc. No es algo que queramos que suceda o no. Es así. Me parece de sentido común (y que no requiere de explicación) que las relaciones deben ser lo más cordiales posible. No vamos a ir a nuestro trabajo a montar una guerra, ¿no?

Sobre el desarrollo de la inteligencia emocional del alumno, todavía tengo que pensar un poco más sobre la cuestión. Me lo apunto para comentarlo en otro momento porque las clases de lenguas extranjeras pueden llegar a ser muy heterogéneas y cada alumno es un mundo.

Y hasta aquí las ideas que me han venido a la cabeza leyendo parte de este documento sobre competencias docentes. Me parece una buena base desde la que pensar sobre nuestro trabajo. Como siempre, he escrito lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Así que no me lo tengáis muy en cuenta.