Una razón más para compartir el trabajo docente.

por Maribel González Martínez

En una búsqueda de información he dado con un artículo bastante interesante sobre el individualismo en el docente y sus consecuencias. Lo enlazo porque en el debate suscitado en este blog a raíz de la entrevista a Vicenta González en Ldelengua se hizo mención a la reticencia de los docentes a compartir su trabajo e ideas sobre la clase.

González Palma, José Luis (2005); ¿Yo, tú, él, nosotros los docentes?, Observatorio Ciudadano de la Educación,

En este artículo, el autor no sólo explica las desventajas del individualismo o las causas que lo generan, también nos habla de las actitudes que provoca en los profesores y cómo éstas chocan con el nuevo modelo educativo que queremos aplicar. ¿Cómo puede un docente pedir a los alumnos que trabajen en grupo si el mismo no sabe? ¿Cómo puede un profesor fomentar el pensamiento crítico si el mismo no acepta otros puntos de vista sobre su trabajo? Por tanto, somos los enseñantes los que debemos cambiar nuestra forma de pensar para que tenga un reflejo en nuestra acción. Evidentemente, no es un proceso fácil en el que, además de reflexionar sobre nuestra actuación en el aula, es tan importante que la compartamos con otros con el fin de que la comenten y/o debatan.

Cito aquí las consecuencias de la práctica del individualismo como docentes según González Palma:

  • Bajo rendimiento académico de los alumnos.
  • Aprendizajes empobrecidos.
  • Experiencia didáctica desaprovechada.
  • Trabajo rutinario y monótono.
  • Mentes cerradas.
  • Temor al cambio.
  • Asignar comisiones sin valorar cualidades.
  • Estructuras verticales y rígidas.
  • Prácticas de poder y no de liderazgo.

A pensar…

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2 comentarios to “Una razón más para compartir el trabajo docente.”

  1. Excelente referencia, Maribel. A mí lo que me llama la atención es la indignación de muchos profesores cuando se les propone ser observados. Imagino que todo está relacionado.

  2. Gracias, Francisco. A mí me parece que nos da miedo que nos juzguen y utilizo el verbo “juzgar” con toda la intención del mundo. Evidentemente se trata de un juicio en términos de éxito/fracaso y sospecho que tiene mucho que ver con nuestra tradición educativa. No nos educan para admitir el error e intentar sacar provecho de él.

    Esto nos lleva a una tensión emocional porque como profesores solemos construir nuestro valor personal (autoestima, autoconcepto, autoimagen) en función de lo que nosotros pensamos que es una buena clase. Tenemos tendencia pensar que nuestro método es infalible o que deberíamos ser infalibles. Además, para medir los resultados de nuestro trabajo utilizamos exámenes que también están enfocados a medir el éxito/fracaso. Otro tema es a quién le atribuimos el éxito o el fracaso de nuestros alumnos. Si es un éxito es que hemos hecho nuestro trabajo muy bien. Si es un fracaso es que nuestros alumnos no han hecho su parte del trabajo.

    En fin… esto son solo algunas ideas de las que tirar para explicar el pánico que sentimos cuando nos proponen observar nuestras clases.

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