Lugares de trabajo y percepciones.

por Maribel González Martínez

Hace mucho tiempo que le doy vueltas a esta pregunta: ¿cómo afecta el lugar de trabajo al desarrollo y percepción que tenemos del mismo? Me pregunto esto porque, de algún modo, soy consciente de que nuestro lugar o entorno de trabajo afecta a nuestra forma de desarrollar nuestro trabajo. Yo, por ejemplo, no trabajo en una institución o academia, tampoco tengo compañeros de trabajo y mi lugar de trabajo es la casa de mis alumnos. Esto implica que los grupos con los que trabajo son reducidos -a veces, un sólo alumno-, que no hago uso de la pizarra porque me siento con los alumnos en la misma mesa -esto significa que la distancia que pueda existir en las clases donde hay mucha gente y un pizarra aquí queda eliminada-, por tanto podemos decir que estoy más próxima a mis alumnos. Además, creo que esta circunstancia contribuye a eliminar algunas tensiones que se producen en clase cuando el entorno es más “académico” o más cercano a lo que sería una clase al uso. Asimismo, en algunas ocasiones el hecho de estar en casa de los alumnos implica que damos la clase en un lugar donde hay música, el entorno es más cómodo y todo es más relajado y distendido. Por lo general, los materiales de trabajo siempre son folios y bolígrafos que me sirven a modo de pizarra y el radiocasete. Lo cierto es que el otro día pensaba que de algún modo me estaba limitando en cuanto al uso de materiales en clase y en cuanto a las posibilidades de aprendizaje que ofrezco a mis alumnos. Inconscientemente el hecho de no trabajar en una institución y hacerlo en casa de mis alumnos me ha hecho pensar que había determinado tipo de cosas que no puedo hacer o llevar a clase. La cuestión es que me estoy dando cuenta de que soy yo la que se impone las restricciones con respecto al uso de determinados materiales y no, la situación. La cuestión es que esta situación me está obligando a cambiar los esquemas de lo que significa un entorno de clase, cosa relacionada directamente con mis creencias de lo que debe ser el espacio físico donde impartir clase. Es decir, no es exactamente el entorno físico el que hace que una clase sea una clase. Uno, en principio, puede aprender o enseñar en cualquier parte en la que se encuentre, si está dispuesto a ello. Es importante para mí reflexionar sobre esta cuestión porque forma parte de mi trabajo el lugar en el que imparto la clase. Además, en cierto modo esto de dar clases a domicilio a veces no se contempla como algo “profesional” por aquello de que la gente que se dedica a esto, en principio, lo hace de forma temporal y no como una opción laboral fija.

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