¿Hay cura para el mal filológico?

por Maribel González Martínez

Este es un mal que tenemos tendencia a sufrir los licenciados en filología. Nos pasamos tanto tiempo tratando la lengua como objeto de estudio y disección que la mayoría de las veces se nos olvida que es mucho más que un montón de reglas gramaticales, categorías morfológicas o análisis sintácticos. Se nos olvida que la lengua es un instrumento de comunicación y que como tal hemos de tratarlo. Se nos olvida que utilizamos la lengua, los gestos y un millón más de mecanismos para comunicarnos, que la comunicación está en un millón de sitios y que existen múltiples formas de realizarla. Estamos tan aquejados por el mal filológico y la visión académica que cuando nos sacan de ese mundo y nos meten en una clase de LE o L2 para impartirla no sabemos manejarnos, o tenemos muchas dificultades para llegar al alumno que no pertenece a este ámbito.

Con toda esta introducción sólo quiero explicar que me he dado cuenta de que mis carencias formativas no lo son a nivel científico-técnico, tal y como creí en un principio -como buena filóloga me he pasado años entre análisis sintácticos, categorías morfológicas, historia de la lengua y otras tantas cosas de este tipo-; sino que tienen mucha más relación con el desarrollo de habilidades docentes y las cuestiones pedagógicas. (Atención, que no estoy diciendo que estos conocimientos científico-técnicos no sean necesarios para desempeñar nuestro trabajo, eh?! Que nadie se me precipite. Son una parte más de los conocimientos o habilidades que necesitamos para desarrollar nuestro trabajo). Si bien, creo que los problemas que me puedan surgir a nivel científico-técnico seré capaz de resolverlos porque durante los años de facultad me enseñaron como hacerlo. Sin embargo, la mayor parte de mis dudas siempre han tenido relación con la pregunta: ¿Cómo enseñar esto o aquello? ¿Cómo mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Cómo se sienten los alumnos? ¿Cómo es este ejercicio? ¿Cómo he actuado en clase?¿Cómo ha ido la clase? ¿Cómo podría enfocar este problema? y así un largo etcétera. De ahí que quiera formarme desde el punto de vista didáctico y pedagógico porque es la parte de mi desarrollo profesional que creo peor desarrollada; de ahí que haya emprendido las lecturas que he acometido y sobre las que vuelvo una y otra vez, así como las cosas sobre las que voy escribiendo. (Aún trato de averiguar qué es un portafolio, qué es un profesional reflexivo, cómo actúa y todas aquellas cosas relacionadas con él, pero sé que es la vía adecuada para mí). Quiero curarme del mal filológico y tomarme el bálsamo medicinal de la pedagogía y la didáctica a través de la reflexión. De hecho, ya he asumido que este proceso reflexivo que he comenzado continuará a lo largo de mi vida docente, la cual espero que sea larga.

Toda esta reflexión me ha surgido a raíz de conversaciones con otros profesores de español y de un artículo sobre educación que leí anoche en una revista no especializada. Era un artículo muy interesante -al menos yo le encontré una interpretación en el marco de mis intereses- que hablaba sobre el papel del profesor en la actualidad. Todos hablamos de que el modelo de profesor ha cambiado, que la forma de educar ha cambiado, de que los alumnos han cambiado; predicamos determinadas maneras de hacer las cosas pero en algunas ocasiones no nos paramos a observar si nosotros hemos cambiado. ¿Realmente nos entretenemos en averiguar si esto es así o no? Yo, particularmente, no creo que mi labor sea verter un montón de conocimientos y marcharme; intento preocuparme por mis alumnos -también, por mí- y todo lo que está relacionado con ellos -su tiempo libre, sus preocupaciones, sus estados de ánimo…-. En definitiva, me preocupo de sus cosas; eso sí, sin entrometerme porque tampoco es cuestión de intimidar a nadie.

PD: Hoy (11.10.07) he escuchado el podcast nº7 LdeLengua que publica Francisco Herrera y creo que viene muy a cuento de lo que aquí comentaba.

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6 comentarios to “¿Hay cura para el mal filológico?”

  1. Si te sirve de consuelo, yo para curarme el mal filológico (y del mal didáctico, cuidado porque también existe) voy leyendo cosas sobre comunicación. Analizo la lengua desde una perspectiva más amplia, teniendo en cuenta que es uno más de los elementos que intervienen en la comunicación, pero no el único. Me va bien subirme a un “globo” e intentar desde una perspectiva más amplia analizar los actos comunicativos entre nativos para después bajar a ver cómo lo puedo llevar al aula con los alumnos no nativos. Llevo un curso paseando el libro “la comunicación” de Escandell y voy llevando al aula mis clases desde la perspectiva teórica que ella presenta, seguro que hay obras mejores (pero después de dejar mi fuerte adicción a la didáctica y a las lecturas en inglés necesito leer en castellano).

  2. Pues, sí, la verdad es que ayuda saber que los demás profesores pasan por algo semejante y que no soy la única. Además, gracias por avisarme de la existencia del mal didáctico -intentaré vacunarme-; aunque mucho me temo que nadie escarmenta en cabeza ajena. Una de las ideas que quería plasmar es que está muy bien investigar más allá del ámbito filológico, ensanchar un poco nuestras miras y dejar entrar las ideas nuevas sin miedo, por muy lejos que pueda parecernos que están de las clases-. Muchas gracias por la referencia, me la apunto para el fututo. Ahora tengo que hacerme el firme propósito de ahondar en las habilidades que debe tener un/a profesor/a con el fin de averiguar si las tengo, si no las tengo, etc. Tengo que mantenerme férrea en mi voluntad porque, sino, al final, me interesa todo y no llego a nada 😀 . (Hay que tener en cuenta que llevo sólo 3 años enseñando y aún me queda mucho por delante; espero).

  3. Te entiendo perfectamente. Yo también soy bastente dispersa y ando constantemente con dos o tres lecturas al mismo tiempo, en fin… Lo que yo veo ahora es que llega un momento en el que todo lo que vas leyendo empieza a tomar sentido y la información nueva empieza a conectar con el poso de lecturas previas. En estos momentos selecciono lecturas del ámbito de la comunicación en general con las relacionadas con la práctica reflexiva. Por un lado veo que puedo aplicar la inofmración sobre aspectos generales de la comunicación a mi, como profesor, y a mis alumnos, como interlocutores. CReo que eso me ayuda, el estar obsesionada durante mucho tiempo en mi rol de profesor me impedía apreciar que en realidad lo que debía tener en cuenta era qué consideraba yo que era la comunicación y cómo podía mejorar esta en relación a las intercciones que se estabecen en el aula. Esto me ha ayudado a cambiar mi concepción de lo que es la lengua. A ver si me explico bien: he acambiado el marco teórico, he pasado de la lengua a la comunicación. Y las lecturas sobre práctica reflexiva me ofrecen un marco metodológico que me permite cambiar mi práctica docente, abandonar viejas rutinas que se correspondían con unas creencias sobre lo que es la lengua y cómo transmitirla a los alumnos.

  4. Estoy de acuerdo contigo en que unas lecturas van conectándose con otras y todo va poco dando forma a algo que finalmente se transforma en una cosa definida. Yo creo que ando todavía en el “algo” o en una especie de nebulosa donde las ideas fluyen constantemente. Voy de unas a otras. Sé que todas están relacionadas y que poco van tomando forma de algún modo. Con respecto a lo que dices es curioso porque a veces en el momento más inesperado o a raíz de un comentario aparece una idea perfectamente definida de lo que quiero hacer. Es, por ejemplo, el caso de las grabaciones. Intuía que la grabación puede ser una muestra de enseñanza interesante, sabía que quería utilizarla para comprobar la interacción pero el resto de ideas que se me ocurrieron no estaban ahí hasta que me hiciste unos comentarios.
    En fin, mi dispersión o diversificación lectora no la veo mal, no es un problema porque soy así y al final esta característica me ha ayudado y me ayuda a sacar adelante esto de la reflexión. Necesito tener varias líneas abiertas, aunque no parezca que tienen conexión.
    Sigo pensando en “voz alta”… Comprendo lo que me explicas del marco teórico -aunque a lo mejor le doy mi propia interpretación- porque yo he sufrido también un cambio. He pasado de estar obsesionada con conseguir transmitir la lengua -como objeto, de ahí el mal filológico- a expandir las miras y dejar entrar otras disciplinas, ideas,etc. En eso el cambio ha sido importante. Siempre andaba obcecada con los estudios de lingüística aplicada -por formación creía que me solucionarían todos los problemas-. Así que siempre tenía en la cabeza que si el input, el output, el periodo de edad crítica, la psicolingüística, etc. Por eso, el haber leído a Williams y Burden, así como a Richards y Lockhart me ha hecho ver desde una perspectiva mucho más práctica y realista la clase. Me ha permitido un acercamiento al proceso de enseñanza-aprendizaje desde otra dimensión mucho más comprensible y accesible para mí. Aunque, como dices, unas lecturas han venido a superponerse sobre las otras y posiblemente las primeras hayan posibilitado que las segundas hayan abierto muchas puertas que estaban cerradas. Sigo pensando… 😀 .

  5. Mi “mal” filológico me ha llevado a chocar mi cabeza en contra de la pared. Desafortunadamente son pocos los estudiantes que les interese “el amor a las letras” y todo lo que conlleva, ya sea en el aspecto gramatical o en el de la literatura. Por ello, no he tenido otra alternativa (pienso) que tratar de darle el aprendizaje con cucharita de niño pequeño. Constantemente me encuentro inventando cuanta estrategia (lógica o no) para lograr hacer una experiencia divertida del aprendizaje. Como con todo plan académico, algunas enseñanzas me salen bien y otras no. Encuentro que esta constante búsqueda me frustra mucho. Más es así cuando me recuerdo de mi niñez, donde las cosas se tenían que aprender, porque sí – sin explicaciones o estrategias divertidas ni cosas por igual. Nunca logro contestarme, si yo lo aprendí “así”, ¿por qué mis pupilos NO?

  6. Annette, las cosas cambian y nosotros tenemos que hacer un esfuerzo por cambiar con ellas 🙂 . Yo ahora veo la materia que tienen que estudiar mis pequeños alumnos y me pregunto si realemente es necesario aprender con tanto detalle a hacer análisis sintácticos u otras cosas tan teóricas como estas. A veces, creo que sería mejor si enseñásemos cosas más practicas como a escribir. No sé, yo desde que enseño E/LE he aprendido a ver la lengua de otro modo y me pregunto porqué los docentes de L1 no se plantean la enseñanza de otra manera. Los ejercicios para enseñar a los niños a escribir un relato son de lo más soso y de lo más árido. Hay mucha diferencia entre los ejercicios o talleres de escritura para estudiantes de E/Le y los estudiantes de L1. En fin, no sé…

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