Volviendo a la vida reflexiva.

por Maribel González Martínez

Después de unas dos semanas sin escribir y de haber dado un descanso a mi cabeza, he decidido volver a la carga. Vuelvo al mundo reflexivo, si es que alguna vez me marché. Eso sí, la incorporación será paulatina para no abrumarme demasiado y para ir cogiendo fondo otra vez. Creo que empezaré repasando los planes de clase que he ido recogiendo a lo largo del mes de julio y lo que va de agosto. Esta vez los planes y los informes de clase que he ido almacenando tenían como objetivo averiguar cuál era el ritmo de la clase, la estructura de la misma y otras muchas cosas. Me está siendo muy útil programar las clases de una hora repartiendo en la hora en bloques de veinte minutos, me ayuda a ver con más claridad cuál va a ser el desarrollo de la clase. Por supuesto, hay días en que consigo cumplir mis propósitos y días en los que no. Asimismo esta forma de planificación me está haciendo ver que he de considerar dos cuestiones, al menos, cuando respondo a la pregunta: ¿Se han cumplido los objetivos?; una, que puedo evaluar la consecución de los objetivos de forma global en relación a si los alumnos han comprendido o no la explicación gramatical, si hemos trabajado las destrezas, si los ejercicios de vocabulario son útiles o no, etc; dos, puedo evaluar la consecución de los objetivos en función de si hemos realizado o no todas las actividades que había planificado para la clase. Hasta ahora me había estado fijando en esto último y no me había parado tanto a pensar en lo segundo. Plantear la programación de esta forma visual también me ha ayudado a ver más claramente o delimitar mejor qué partes de la clase son más productivas y cuáles no. He estado teniendo muchos problemas para contestar a esta pregunta porque recordaba la clase globalmente. Es decir, si cerraba los ojos e imaginaba la clase podía evocar una sensación global y podía decir: ha ido bien, muy bien, mal, regular; pero no podía explicar en qué momento había ido mejor o peor y, por tanto, tampoco por qué. Gracias a esta nueva forma de programación, estoy adquiriendo una mejor percepción de lo que ocurre en clase porque el plan está mucho mejor estructurado en mi cabeza. De ahí que pueda señalar con mayor exactitud qué ejercicios o partes de las clases han funcionado mejor y puedo aventurar un por qué.

Por supuesto, gracias a este tipo de programación visual del tiempo, tengo más conciencia del tiempo que puede llevar cada ejercicio en función del grupo con el que trabajo. Asimismo, me he dado cuenta de que tengo problemas para concretar los últimos veinte minutos de clase. No es que queden vacíos, pero son los que más problemas me plantean. Quizá, sea porque cuando planifico las clases concentro todas las actividades en los primeros cuarenta minutos y no les concedo el tiempo que realmente necesitan mis alumnos para realizarlas. De hecho, repasando todos los informes de clase que he recopilado viene a ser ese el problema.

Ahora que lo pienso, me pregunto si el hecho de que no lleve reloj y no lo mire en clase para nada puede influir en mi percepción de la clase. Lo cierto es que hago un cálculo mental del tiempo que puede haber transcurrido. ¡Vaya! Tengo que pensarlo. Lo cierto es que cuando estoy en clase no suelo mirar ningún reloj y muchas veces son mis alumnos los que me dicen que es la hora. Supongo que la razón para esto está en mi idea de que andar mirando el reloj todo el tiempo puede transmitir una sensación de tener el tiempo marcado, pesado y medido; sin posibilidad de interrupción. Además, desde el punto de vista personal, el hecho de andar mirando el reloj me distrae de lo que estoy haciendo. No es que pierda el hilo, pero de algún modo me impone la sensación de no poder dejar espacio a otras cosas que no estén planificadas. Cuanto más lo pienso, más sensación tengo de que el problema para planificar los últimos veinte minutos de clase viene de ahí. ¿Si llevara reloj podría planificar mejor los últimos quince minutos de clase? ¿Dejaría de alargarme en los cierres? Tendré que pensarlo…

Por cierto, aquí dejo una plantilla-planificacion_secuenciacion.doc para una clase de una hora. La he elaborado teniendo en cuenta las indicaciones de Woodward (2001 y a Richards y Lockhart (1998).

PD: La foto es de flickrCC

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6 comentarios to “Volviendo a la vida reflexiva.”

  1. Como siempre, un 10, Maribel, porque con tus reflexiones, nos haces reflexionar también a los demás, y nos hace mucha falta.

    Te cuento mi experiencia con respecto al reloj en la clase:

    Yo soy de las que lleva reloj. Mis alumnos son normalmente de los que en cuanto se acerca la hora, se ponen inquietos, miran sus relojes y comienzan, algunos más disimuladamente que otros, a recoger las cosas.

    Bueno, voy más directa. A mi saber la hora me sirve justamente para dejar espacio a lo que no está planificado. Es una manera de planificar lo no planificado.
    Si hay algo que surge en la clase sin estar planificado y a lo que creo que sería interesante y conveniente dedicarle tiempo, conociendo el tiempo del que dispongo, también puedo decidir qué es lo que voy a descartar de lo ya planificado si no puedo llevarlo a cabo todo en una misma sesión.

    También me sirve, por eso mismo, para tratar de no dejar nada a medias y poder dedicar los últimos minutos de la clase a preguntas que hayan podido surgir, explicación de las tareas que tienen que realizar para casa (para que después no haya excusa de que no han entendido qué es lo que tienen que hacer, que son muy listos, jeje), o para hacer una última explicación-resumen-repaso general de la clase, a modo de esquema.

    Aunque, tengo que confesar que soy de las profes que acaban la clase normalmente 5-10 minutos más tarde, ¡con lo que nos ha molestado eso a nosotros siendo alumnos!.

  2. Un 10 a tí también y gracias por explicarme tu experiencia, que es muy interesante. Pensaré sobre ella. Con respecto a los deberes, trato de llevar pensando más o menos qué deberes les voy a poner en función de lo que haya planificado trabajar en clase. Últimamente estoy optando por ponerles pequeñas cosas que no están en los libros. Por ej: escribe cinco frases con las palabras más difíciles que han salido en clase y que no recuerdas con facilidad, o diseña un crucigrama o escribe unas preguntas, o les pido que me digan qué quieren practicar en la siguiente clase. (Todo son ideas sacadas de Woodward (2001) ¡Qué libro más interesante!) :). En fin, espero no haberme desviado mucho del tema. Sigo pensando.

  3. Yo soy de las de sin reloj. Y son los alumnos los que me avisan. Al principio lo pasaba mal porque lo que preparaba se quedaba a veces corto y a veces largo, luego aprendes a jugar con el tiempo y otras veces son los alumnos los que hacen que una actividad que tú habías pensado para cinco minutos se estire y se coma el resto de la clase. La verdad es que soy muy mala planificando tiempos, en clase y fuera de ella, pero la práctica, como siempre, te va imponiendo su lógica.
    A mí me gusta que las clases estén más o menos conectadas y si queda algo colgando se retoma con naturalidad al día siguiente.
    Ah, me ha gustado lo de las frases con palabras difíciles… lo usaré.
    saludos recién llegada de Bulgaria!

  4. ¿Qué tal por Bulgaria, Pepita? He leído que tus profecías sobre la clase se cumplieron :D. Pues sí, yo también he experimentado eso de que una actividad que había planificado para unos pocos minutos se haya llevado toda la clase. Lo malo es que también me ha pasado lo contrario -¡Qué agobios paso a veces por culpa de esto!-, pero, como dices, una aprende a ir controlando no sólo el tiempo, sino otras muchas cosas. Poco a poco noto como mi cabeza se va llenando de actividades alternativas a las que plantean los libros o de opciones para modificarlas y adaptarlas. Es decir, que la mochila de los recursos se va llenando poco a poco; cosa que se agradece mucho 😀 .
    ¡¡Gracias y saludos!!

  5. Sí, sí, eso de las actividades que se estiran y se encogen dependiendo de los alumnos, también me lo conozco, jajaja, y es por eso mismo por lo que muchas veces adapto actividades de los libros y no las hago tal cual.

    Al darles otra forma o modificarlas, muchas veces también lo que consigo es que duren más o menos tiempo del que me durarían realizándolas del mismo modo que se muestra en el libro, según lo que me interese.

    Además, soy muy partidaria de “personalizar” las actividades de los libros.

    Muchas veces, comienzo la clase diciéndoles qué es lo que vamos a ver, hago la explicación pertinente (esquema, palabras clave, ejemplos), hacemos unas primeras actividades o ejercicios, que me sirven para comprobar si lo han entendido todo bien, y es entonces cuando avanzo con la explicación y más ejercicios.

    ¡Ah!, tomo nota de los “maribeleledeberes”:p.

  6. Bueno, los maribeleledeberes son ideas sacadas del libro de Woodward, no son mérito mío. ¡Qué descubrimiento he hecho con ese libro! Se lo recomiendo a todo el mundo :).

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