Los alumnos siempre saben muchas más cosas de las que parece y no estoy apelando aquí al tipo de conocimiento enciclopédico; si no al conocimiento sobre la tipología de ejercicios que hacen en el aula. De éste último fue del que quise servirme en una de las últimas clases a una sola persona que he dado.
Propuse a un alumno la creación de una actividad para otros compañeros que conoce pero con los que no comparte clase. Aclaro que es un alumno con al que le doy clase hace mucho tiempo y, por tanto, conozco muy bien sus características y aficiones. Esto significa que jugaba sobre seguro porque sabía cuál iba a ser su respuesta ante la propuesta que le iba a hacer. Es importante que esto quede claro. También es destacable que tiene un nivel de español B2 y que iba a preparar una actividad para otros compañeros con menor nivel de idioma. Asimismo he de señalar que estamos hablando de un alumno en escolarizado en la tercera etapa de primaria.
Una vez esclarecido el panorama y sentadas las bases desde las que partía, le planteé a mi alumno que quería llevar un cuento a otro grupo (no olvidar que conoce a sus compañeros) pero no sabía cuál. A continuación le pedí ayuda sabedora de que este alumno escribe cuentos. Rápidamente fue a buscar sus cuentos para que entre los dos eligiésemos uno. A continuación vino lo siguiente:
- Elegimos el cuento.
- Le pedí que me lo dictase.
- Una vez tuve el texto, le comenté que ahora necesitaba escribir unas preguntas para saber si después de leer el texto lo habían comprendido y le pedí ayuda.
- Aquí me sorprendí, la verdad. El alumno, además de elaborar la clásica pregunta, propuso alguna cuestión cuya respuesta era tipo test.
- En este punto, le pregunté: ¿Qué otro tipo de ejercicios hacéis en clase cuando leéis un texto?
- Como respuesta el alumno me dijo que esperar que iba a buscar el libro de lengua para verlo, pero no lo tenía. Así que recurrió a experiencia personal y redactamos algún ejercicio más. Entre ellos: Lee estas frases y ordena los acontecimientos.
- Así, obtuvimos una batería de ejercicios para sus compañeros; aunque no todos tuvieran relación directa con la lectura (el alumno tampoco es profesor).
Fue una experiencia sorprendente que quería compartir. Fue una de esas clases que terminas muy contenta con el resultado porque el alumno ha estado motivado por la utilidad de su actividad y porque has conseguido movilizar todos los recursos con los que cuenta.
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