Maribelele

Diario de una profesora de español lengua extranjera donde se cuentan venturas y desventuras en la clase.

Enfoque por tareas y Michael Long (I)

En el nº 22 de Ldelengua han publicado una interesantísima entrevista a Michael Long sobre el enfoque por tareas y las teorías sobre enseñanza/aprendizaje. A continuación dejo unas notas que he tomado tras escuchar por segunda vez una entrevista que se hace muy corta, como dice Francisco Herrera al comienzo del programa.

Las notas que he tomado hacen referencia a las siguientes cuestiones: la definición de tarea, cómo llevar a la práctica este tipo de enfoque, qué es el focus on form (¿atención a la forma?), la enseñanza centrada en el alumno y el uso de materiales reales en clase. Todas estas cuestiones están hiladas o cohesionadas entorno a la idea de que el aprendizaje se produce a través de la acción, es decir, aprendemos la lengua usándola. Además de este “lema” que se repite en varias ocasiones a lo largo de la entrevista, también dice: “no podemos enseñar aquello que el alumno no está dispuesto o preparado para aprender”.

Para comenzar la entrevista Sergio Troitiño le pide que defina qué es una tarea y Michael Long le contesta que se puede explicar desde dos puntos de vista: el de los investigadores y el pedagógico plasmado en los materiales. Los manuales los plantean como una serie de ejercicios y los investigadores (¿teoría?) lo conciben como una acción, una simulación que lleva a un fin.

  • El enfoque por tarea es apropiado tanto para niños como para adultos. Siempre y cuando estén bien escogidas. (La elección depende de las necesidades de los alumnos, el contexto de enseñanza, los gustos de los mismos, etc.)
  • Una tarea implica la utilización del lenguaje para lograr unos fines bien especificados. (Esta idea tiene que ver, o al menos para mí tiene relación, con los comentarios posteriores sobre focus on form (Alex Poole) y cómo ha de producirse este tipo de enseñanza en clase).

En relación a los dos puntos anteriores tengo que decir que, aún no teniedo muy claro si yo he conseguido comprender y aplicar bien este tipo de enfoque, todos aprendemos haciendo cosas y que cuánto más aplicables sean los conocimientos desarrollados en el aula o donde sea a la vida cotidiana mejor que mejor. Los alumnos de lengua extranjera o segunda lengua (encuentro diferencias entre una situación y otra) se sienten muy realizados cuando son capaces de comunicarse fuera del contexto de aprendizaje establecido. (Yo no puedo hablar de aula porque no imparto clases en un una, pero sí de una situación. Imparto una clase en una terraza, el salón de casa, la salita, etc.; pero ese tiempo que dura la lección está marcado por las decisiones previas que yo he tomado).

Más apuntes próximamente…

Referencia bibliográfica:

Poole, Alex; Focus on form instruction: foundations, applications, and criticism, The Reading Matrix, vol. 5, nº1, Abril 2005.

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Introducir novedades siempre es difícil.

No es fácil introducir novedades en las clases porque supone romper tanto los esquemas mentales de trabajo de mis alumnos como  los míos. (He estado pensando mucho sobre esto.  Ando dándole vueltas a hasta qué punto puedo decir que mis alumnos son el centro de su proceso de aprendizaje) . Por eso, voy a ir metiéndome poco a poco en la piscina para no perecer en el intento; aunque estoy segura de que algo magullada voy a salir. La idea es comenzar a trabajar con internet y algunas herramientas colaborativas con mi alumno de E/SL (11 años).

¿Qué me ha impulsado a tomar esta decisión? Varias cuestiones, pero la más poderosa es que mi alumno haga algo útil y que al final del proceso tenga algo que mostrar. Si me he dado cuenta de algo en este tiempo que llevo dando clase es la importancia de que el alumno vea el resultado de su aprendizaje plasmado de alguna forma. Puede ser en forma de dibujo, de texto, de receta de cocina o de cualquier cosa que se nos pueda ocurrir. Además, hay que tener en cuenta que quiero que escriba -esto es lo más difícil de conseguir, es la tarea que menos les gusta del mundo- y no quiero que tenga excusas para negarse a hacer la actividad.

También parto de la base que ahora me siento cómoda utilizando este tipo de herramientas y que ya están totalmente integradas en mi vida.  Además, tengo algo más claro las posibilidades que me ofrecen y qué sistema de trabajo quiero poner en práctica. Sé que quiero que sea un trabajo colaborativo donde el alumno sienta que trabajo con él y que no le estoy supervisando. Sé que va a requerir de mí una labor de orientación. Me preocupa la labor de corrección de faltas de ortografía, expresión, etc.

Desde el punto de vista del alumno me he asegurado previamente de la relación que tiene con Internet y de las actividades que realiza en este medio. Esto es importante porque el punto de partida sería diferente. No es lo mismo estar familiarizado con el entorno que no estarlo. Además, otro factor que me ha ayudado a decidirme es que mi alumno cuenta con conexión a Internet, por lo que no hay problemas para…

Confieso que voy a tientas y que, probablemente, debería diseñar mucho mejor la tarea antes de ponerla en práctica para no ir dando palos de ciego por el mundo. Sin embargo, si lo sigo posponiendo sé que terminaré por no hacer nada. Mala cosa es posponer las cosas. Eso sí, tampoco podemos decir que parta de la nada o que no tenga una idea de lo que quiero hacer. No, no es así. Tengo más o menos una idea de lo que quiero hacer y al punto al que quiero llegar. La cuestión es que no sé cuántas curvar y revueltas terminaré tomando para llegar al final.

Para empezar he proyectado un calendario donde marqué la fecha de inicio y la fecha límite para realizar la tarea (bastante ambiciosa, por cierto). Asimismo he planteado unas fechas periódicas para revisar la evolución de la tarea. Igualmente escribí un breve guión con los objetivos que persigo, las destrezas que quiero trabajar, los temas que vamos a repasar, etc.

En definitiva, estoy poniendo las primeras piedras en el camino para introducir el trabajo con el ordenador e internet en clase.  Iré tomando notas sobre el desarrollo del trabajo y reflexionando sobre el mismo, como siempre.

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El ordenador en clase según un niño de 11 años.

La otra tarde tuve una curiosa conversación con uno de mis alumnos. A mí se me había ocurrido que como tarea de escritura podía ser interesante crear una historieta con pictogramas. (Si era o no lo más motivador del mundo es otra historia). La cuestión es que me parece interesante transmitir los comentarios que me hizo el alumno sobre su visión del uso del ordenador en clase. Todo empezó así:

- ¿Qué hacemos hoy? -Me preguntó.

- Pues, hoy vamos a escribir una historia con pictogramas.

- ¿Qué es eso?

- (Explicación).

- Vale…

Hay comenzamos a ver las imágenes que había llevado y ver qué íbamos a escribir, etc. Entonces, llegó el momento en el que le dije:

- Ahora, vamos a escribir. Toma el bolígrafo y el lápiz para escribir.

- ¡Uffffff! No quiero escribir. Ya no estoy en el colegio. No me gusta escribir a mano.

Yo me quedé un poco sorprendida y le pregunté la razón a lo que me contestó que escribir a mano es muy lento y aburrido. Lo acompañó de la representación típica de un niño inclinado sobre la mesa haciendo un gran esfuerzo. Me comentó que escribir en el ordenador es mucho más rápido y sencillo, por tanto lo prefería a lo primero.

Seguidamente me preguntó:

- ¿Es verdad que en España el año que viene vamos a tener ordenadores en clase?

Yo le dije que eso habían dicho pero que era probable que no fuese así. A la cara de desilusión siguió el comentario de que estaría bien que en la escuela hubiera ordenadores como en Japón. Yo no lo sabía pero parece ser que allí los contenidos están digitalizados y a cada niño le dan una pila de cedés con la asignaturas correspondientes para que trabajen en el aula. A mi alumno le parecía fantástico poder tener todos los libros en un mismo sitio y poder darle a un botón para abrir la página del libro que quisiese.

Yo estaba tan fascinada que seguí preguntándole:

- ¿Qué harías con el ordenador en clase?

- Pues, conectarme al messenger y hablar con mis amigos. Les preguntaría qué han puesto en la pregunta tal o cual.

A mí me pareció el clásico método de las notitas en clase sólo que en versión moderna. También me dijo que así era más fácil copiarse. Su propuesta era que el más listo de la clase hiciera los deberes y los demás se copiasen. Yo le pregunté qué iba a aprender haciendo eso. Es decir, ¿qué aprendes si sólo copias? No sabes si es correcto o no.  Además, los profesores pueden saber si te has copiado o no.  Cuando escucho esta afirmación se quedó estupefacto. ¿Cómo? Me preguntó. Yo lo dejé con la intriga.

También me comentó que sería estupendo poder mandarle los deberes a la profesora por email. Más simple y rápido no podía ser. Luego la profesora corregiría y todo solucionado. Por otro lado, estuve indagando sobre las cosas que hacía en internet:

- Bueno, ¿Y tú qué haces en internet?
- Pues, uso el messenger, el facebook, busco fotos sobre coches del futuro, el futuro del planeta, etc.

Me hizo una descripción del tipo de coches que habrá en el futuro, me habló de un combustible hecho con hojas (biodiesel, pero el no sabía que existía esta palabra), de que no tenía ruedas,  de que había varios prototipos, etc. Es fascinante ver lo curiosos que son los niños y la forma en que satisfacen esa curiosidad.

Otro comentario digno de mención fue:

-  En la pizarra digital nos ponen ejercicios para bebés.

- ¿Para bebés?

- Sí, para niños de 7 años.

- ¡Ah! Claro, y tú ya tienes 11 años. Ya no eres pequeño, ¿A qué no?

Ésta fue más o menos la conversación que tuve con mi alumno.  Fue interesante porque normalmente estamos acostumbrados, como profesores, a leer lo que otros docentes comentan sobre el tema; sin embargo, no había tenido de oportunidad de saber qué piensan los niños sobre este tema. Finalizaré comentando que he intentado reconstruir lo mejor posible esta conversación, aunque no debemos olvidar que se trata de una reconstrucción y no una transcripción de una grabación.

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La ortografía y el principio alfabético.

Esta es una reflexión provocada por una experiencia de clase que me remitió rápidamente a unas lecturas que estoy realizando últimamente sobre el principio alfabético, la conciencia fonológica y el proceso lector tanto en L1 como en L2.

Tengo una alumna en 1º de ESO cuya lengua materna es el inglés y que, por razones curriculares, está estudiando ortografía. Hasta la fecha no había tenido que plantearme cómo enseñar la ortografía porque la mayoría de mis alumnos estudiaban español como lengua extranjera y no como segunda lengua en un contexto escolar. Por tanto, mi preocupación en cuanto a la escritura no estaba en las cuestiones ortográficas, si no en el desarrollo de la competencia escrita.

La cuestión es que con esta alumna de 1º de ESO sí me veo en la necesidad de plantearme qué es la ortografía, qué importancia tiene y qué hacer para ayudarla. Para ello, el primer paso es preguntarme:

  1. ¿Qué es la ortografía? Ciertamente me resultaba difícil dar respuesta a esto porque sin pensar mucho y basándome en mi experiencia diría que es el conjunto de reglas que rigen el código escrito de la lengua.
  2. ¿Para qué sirve? Para escribir bien.
  3. Ante la respuesta anterior, la pregunta lógica es: ¿Para qué escribir bien? La respuesta es que siempre he considerado la falta de ortografía como una mancha en el texto. Es decir, es como si me visto y me pongo una camiseta llena de manchas. ¿A que mi aspecto no sería el mismo si me pusiera una camiseta sin manchas? Daría una mejor impresión, ¿verdad? Este es el razonamiento que le hice un día a esta alumna. Sin embargo, me pareció algo superficial y una explicación para salir del paso porque creo que podía haberme seguido preguntando.

¿Qué puedo añadir a las respuestas previas ahora? En este momento puedo decir que la ortografía es un conjunto de reglas que rigen el código escrito de la lengua basándose en un principio alfabético que varía en función de las diferentes lenguas que usan este principio. Esto es porque es un código y, por tanto, es arbitrario y artificial – sí, son cosas obvias aprendidas durante la carrera pero que hasta ahora no había conseguido conectar. Ahí radica el descubrimiento-. Este código escrito nos permite representar a través de grafías (símbolos) el sonido de la lengua. En función de las lenguas, se necesitan más o menos grafías para las representaciones fónicas, lo que las convierte en lenguas consistentes o inconsistentes. En el caso de la lengua española, debemos hablar de una lengua consistente frente al inglés, por ejemplo.

¿Por qué es importante? Porque cuanto más consciente sea el alumno, al menos de segunda lengua, de que la ortografía es un código que ha de conocer para representar y leer correctamente la lengua, mayor importancia al hecho de aprenderla.

Continuará…

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El aprovechamiento del conocimiento del alumno.

Los alumnos siempre saben muchas más cosas de las que parece y no estoy apelando aquí al tipo de conocimiento enciclopédico; si no al conocimiento sobre la tipología de ejercicios que hacen en el aula. De éste último fue del que quise servirme en una de las últimas clases a una sola persona que he dado.

Propuse a un alumno la creación de una actividad para otros compañeros que conoce pero con los que no comparte clase. Aclaro que es un alumno con al que le doy clase hace mucho tiempo y, por tanto, conozco muy bien sus características y aficiones. Esto significa que jugaba sobre seguro porque sabía cuál iba a ser su respuesta ante la propuesta que le iba a hacer. Es importante que esto quede claro. También es destacable que tiene un nivel de español B2 y que iba a preparar una actividad para otros compañeros con menor nivel de idioma. Asimismo he de señalar que estamos hablando de un alumno en escolarizado en la tercera etapa de primaria.

Una vez esclarecido el panorama y sentadas las bases desde las que partía, le planteé a mi alumno que quería llevar un cuento a otro grupo (no olvidar que conoce a sus compañeros) pero no sabía cuál. A continuación le pedí ayuda sabedora de que este alumno escribe cuentos. Rápidamente fue a buscar sus cuentos para que entre los dos eligiésemos uno. A continuación vino lo siguiente:

  • Elegimos el cuento.
  • Le pedí que me lo dictase.
  • Una vez tuve el texto, le comenté que ahora necesitaba escribir unas preguntas para saber si después de leer el texto lo habían comprendido y le pedí ayuda.
  • Aquí me sorprendí, la verdad. El alumno, además de elaborar la clásica pregunta, propuso alguna cuestión cuya respuesta era tipo test.
  • En este punto, le pregunté: ¿Qué otro tipo de ejercicios hacéis en clase cuando leéis un texto?
  • Como respuesta el alumno me dijo que esperar que iba a buscar el libro de lengua para verlo, pero no lo tenía. Así que recurrió a experiencia personal y redactamos algún ejercicio más. Entre ellos: Lee estas frases y ordena los acontecimientos.
  • Así, obtuvimos una batería de ejercicios para sus compañeros; aunque no todos tuvieran relación directa con la lectura (el alumno tampoco es profesor).

Fue una experiencia sorprendente que quería compartir. Fue una de esas clases que terminas muy contenta con el resultado porque el alumno ha estado motivado por la utilidad de su actividad y porque has conseguido movilizar todos los recursos con los que cuenta.

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